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A campá ferida / La campana herida.

A campá ferida
Arte viaje

LucíaA campá ferida.
Artículo … 1.521.
Categoría … Firma de autor.
Publicado por … Lucía Magariños.

Semana de las letras gallegas.

Bandera de Galicia
  A campá ferida. 

Tristeira perda, a da campá do reló da Catedral de Santiago, fendida, chocha, morta. Cicáis non escoitemos máis aquelas badaladas que "cortaban as cordas do corazón", a rimar as horas da vida compostelá, caíndo, vagarosas, encol da Quintana de Mortos.

Agora haberá que fundir de novo o bronce antergo da nai e raiña de tódalas campás galegas. A xeira vai poñer a proba toda a sabencia no mester que teñen os artesáns de Arcos da Condesa e terán que traballar os canteiros para que poida entrar porla arcada da Berenguela.

O sino das horas foi o meirande que tivo a nosa Basílica. Houbo sempre nos grandes santuarios, e máis nos ergueitos sobre sepulcros venerados, o proído das outras torres de das campás sonoras. Cando se trazaba o Obradoiro, Vega Verdugo escribía: "todos los tempos que he visto, he reparado que adonde tienen puestas sus mejores vanidades es en subir y hermosear sus cimborios y torres". (Cando Galileo Galilei, de quen tanto se fala estes días, estrenóu o seu telescopio, dende o outo de San Marcos, quixo decir que podía alcanzar deica o Finisterre, non falóu de que vira a Torres de Santiago que inda eran ben baixas, senón aos peleriños que entraban). Polo que di ás campás hastra os memos axuntamentos medían o seu prestixio polas que tiñan: "cual ricomen, tal vasalo, cual concello tal campana" reza un "verbo antigo" glosado nos "cancioneiros".

O Rei Luis XI de Francia, que gardaba tanta lei ao Apóstolo, cando envióu, no 1.481, a Mr. Mortillon, seu Maitre d'hotel (que era entón posto de moito porqué na Corte) con dous Rexidores de La Rochelle, a facer no seu nome a pelerinaxe, doulles o encargo de que se fundiran dúas campás de grandor tal que non houbese na cristiandade ningunha que poidese asemellarse a elas.

Envió metal de sobra de diñeiro dabondo. Houbo que reforzar a Torre Berenguela, que se chamóu de entón do Rei de Francia. A campá maior, de trinta palmos de van, soaba tan forte que malparían as mulleres no xiro da cidade. Catro séculos despóis, o Concello de Compostela reparóu en que os abortamentos non viñan do son dos sinos, senón do costume insólito de "tocar a parto" como quen toca a agonía, a morto, a fogo ou a rebato.

A campá que agora está ferida de morte é descendente en liña dereita das do Rei de Francia, pois foi fundida co seu mesmo metal. Fíxoa Pedro de Güesmes, no 1.725, ten máis de oito metros de circo, pesa unhas trece toneladas. Nas Españas somentes lle gaña o campanón de Toledo, que embaixo del celebrouse unha xuntanza de "Amigos das Campás"; síguelle a "María" de Pamplona. Axeitouse á nova maquinaria do reló de Antelo no tempo de Arcebispo Vélez.

Cando, fai poucos anos, mudáronse as vigas de carballo que termaban da campá por outras de ferro, cavilábase moito en si perdera aquel son a que estabamos afeitos, tan alaudado polos poetas. Casanova Párraga, mestre en campanoloxías, escribía daquela que Cunqueiro e Castroviejo afiuzáranlle "que la campana sigue dando extraordinario paladar al vino y enternece la carne de las lampreas en las llares de la Faxeira y la Mámoa".

¿Qué vai ser agora do albariño, do caíño, do espadeiro e dos xantares da mellor cociña santiaguesa, e, sobre todo, qé vai ser de nós, sin a compaña amiga da campá da Berenguela, a voz sagra da nosa Catedral?

Bandera de españa
  La campana herida. 

Triste pérdida, la de la campana del reloj de la Catedral de Santiago, hundida, clueca, muerta. Quizás no escuchemos más aquellas campanadas que "cortaban las cuerdas del corazón", a rimar las horas de la vida compostelana, cayendo, vagaroso, sonando en la Quintana de Muertos.

Ahora habrá que fundir de nuevo el bronce íntegro de la madre y reina de todas las campanas gallegas. La jornada va poner a prueba toda la sabiduría del menester que tienen los artesanos de Arcos da Condesa y tendrán que trabajar los canteros para que pueda entrar por el arco de la Berenguela.

La señal de las horas fue el mayor que tuvo nuestra Basílica. Hubo siempre en los grandes santuarios, y más en los erguidos sobre sepulcros venerados, el picor de las otras torres y de las sonoras campanas. Cuando se trazaba el Obradoiro, Vega Verdugo escribía: "todos los templos que he visto, he reparado que adonde tienen puestas sus mejores vanidades es en subir y hermosear sus cimborrios y torres. (Cuando Galileo Galiei, de quien tanto se habla estos días, estrenó su telescopio, desde el monte de San Marcos, quiso decir que podía alcanzar hasta Finisterre, no habló de que viera las Torres de Santiago, que aún eran bien bajas, sino a los peregrinos que entraban). Por lo que dicen las campanas, hasta los mismos ayuntamientos medían su prestigio por las que tenían: "cual ricomen, tal vasallo, cual ayutamiento tal campana" reza un "verbo antiguo" glosado en los "cancioneros".

El Rey Luis XI de Francia, que guardaba tanta lealtad al Apóstol, cuando envió, en 1.481, a Mr. Mortillon, su Metre de hotel (que era entonces un puesto de mucho peso porqué en la Corte) con dos regidores de La Rochelle, a hacer en su nombre la peregrinación, les dio el encargo de que se fundieran dos campanas de gran tamaño, que no hubiese en la cristiandad ninguna que pudiese asemejarse a ellas.

Envió metal de sobra y dinero abundante. Hubo que reforzar la Torre Berenguela, que se llamó de entonces del Rey de Francia. La campana mayor, de treinta palmos de vano, sonaba tan fuerte que las mujeres malparían en el giro de la ciudad. Cuatro siglos después, el Ayuntamiento de Compostela reparó en que los abortamientos no venían del son de las señales, si no de la costumbre insólita de "tocar a parir" como quien toca la agonía, a muerto, a fuego o a rebato.

La campana que ahora está herida de muerte y descendiente en línea derecha de las del Rey de Francia, pues fue fundida con su mismo metal. La hizo Pedro de Güesmes, en 1.725, tiene mas de ocho metros de circo, pesa unas trece toneladas. En las Españas solamente le gana el campanario de Toledo, que debajo de él se celebró una reunión de "Amigos de las campanas"; le sigue la "María" de Pamplona. Se actualizó a la nueva maquinaria del reloj de Antelo en el tiempo del Arzobispo Vélez.

Cuando, hace pocos años, se mudaron las vigas de carballo que aguantaban la campana por otras de hierro, se cavilaba mucho si se perdía aquel sonido a que estábamos acostumbrados, tan aplaudido por los poetas. Casanova Párraga, maestro en campanologías, escribía de aquellas que Cunqueiro y Castroviejo escribían "que la campana sigue dando extraordinario paladar al vino y enternece la carne de las lampreas en las llares de la Faxeira y la Mámoa".

¿Qué va ser ahora del albariño, del cariño, del espadero y de las comidas de la mejor comida santiaguesa, y, sobre todo, que va ser de nosotros, sin la compañía amiga de la campana de la Berenguela, la voz sagrada de nuestra Catedral?.

Xosé Filgueira ValverdeXosé Filgueira Valverde (Pontevedra, 1.906 – 1.996). Letras galegas 2.015.
En este artículo, publicado originalmente en la sección "Adral" del "Faro de Vigo", se puede apreciar la ancha erudición y el cuidado estilo que convirtieron a Filgueira Valverde en uno de los máximos referentes del periodismo cultural de su tiempo.

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1 comentarios
Comentarios
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1 comentarios:

Celso Bergantiño dijo...

Muy buena crónica, me ha encantado.

Un abrazo chatina.

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