Diremos adiós dentro de ...

Solos.

  261     Solos     No recomendado para menores de 18 años  

Solos

Entré en el ascensor para ir a la última planta, apreté el botón y antes de que las puertas se cerraran entró una trabajadora de los grandes almacenes. Iba a la sexta planta (yo a la octava), primero no me fijé en ella porque todas las empleadas van vestidas igual: una camisa de pequeños puntos negros con fondo blanco, un jersey verde, una falda negra y zapatos.

Íbamos por el quinto piso y de repente el ascensor se paró. Ella cogió el teléfono, informó de la avería al servicio técnico y se dirigió a mi por primera vez:
-- Espero que no tengas claustrofobia, porque vamos a estar aquí una hora –.
-- ¿No es la primera vez que pasa, verdad? –. Le pregunté.
-- No, así que ten paciencia y siéntate porque te vas a cansar de esperar –.

Me senté y observé como era el ascensor: era negro y solo tenía un espejo. Cuando llevaba 10 minutos mirando al espejo la miré a ella porque no tenía nada más que hacer.

Se había sentado en el suelo, enfrente mía y con la espalda apoyada en la pared. Entonces me di cuenta de lo buena que estaba. Sus curvas eran vertiginosas, sus pechos ni grandes ni pequeños, tenía las piernas largas y era pelirroja. Yo no hacía más que mirarla, porque no podía hacer otra cosa. Ella, por su parte, estaba acostumbrada a estas situaciones y miraba al espejo.

De pronto me miró, yo desvié la mirada al espejo y me puse colorado. Ella notó que me estaba poniendo nervioso y un poco cachondo. Se levantó, se sentó a mi lado y me dijo:
-- ¿Qué podemos hacer hasta que arreglen el ascensor? –.

Y seguidamente se quitó el jersey verde. Los pezones se le marcaban en la camisa y parecía que estaban bastante duros.
-- ¡Uf, que calor hace! –. Dijo a continuación.

Así que se desabrochó dos botones de la camisa. Yo estaba súper excitado, mi entrepierna no paraba de crecer y empezaba a resultar imposible que ella no se diera cuenta.

Me miró y me preguntó:
-- ¿Que te pasa? –.
-- Nada –. Le respondí.
-- Entonces… ¿que es esto?, (puso su mano encima de la cremallera de mi pantalón) parece que también tienes calor –.

Me abrió el botón y la cremallera y me quitó los pantalones, mis boxers estaban húmedos y también me los quitó. Mi polla estaba enorme pero tenía demasiada vergüenza y no logré decir nada.
-- ¡Uf!, hasta debe de dolerte de lo grande que la tienes –.

La cogió con la mano y empezó a masturbarme. En ese momento perdí toda la vergüenza y gemí de placer.

Me costaba mucho no correrme, ella se dio cuenta, así que se arrodilló y se la metió toda en la boca. Me la chupó de tal manera que en dos minutos me corrí en su boca. Ella se lo tragó todo y me la dejó limpia.

Se levantó y se quitó la falda. Llevaba un tanga blanco, estaba mojado y se transparentaba sus pelos pelirrojos. Era lo más hermoso que había visto en mi vida.
-- Estírate, que me toca a mí –.

Se dejo caer en el suelo, se subió la falda, se quitó el tanga y se abrió de piernas. Yo puse mi boca en su coño, primero le chupé los labios, después le metí la lengua. Tuve que tragarme sus líquidos: eran muchos y estaban muy ricos. Ella gemía de placer y me pedía que no parara. Mientras le metía la lengua, le metí un dedo y le acaricié el clítoris. En ese momento ella se corrió.

Se acabó de quitar la camiseta y vi un sujetador transparente que dejaba ver unos pechos tiernos con pezones sonrosados. Mi polla volvía a crecer, así que me la volvió a chupar. Mientras me la chupaba, le quité el sujetador y acaricié sus pechos. Me pidió que la penetrara con fuerza y así lo hice. Creo que le dolió porque con la polla toqué el fondo de su coño. Ella gritó y le saltaron algunas lágrimas de los ojos. Yo se la metía y sacaba a un ritmo frenético mientras ella no paraba de gemir y gritar. Noté como se corría cuando me agarró la espalda y me arañó.

Yo no había acabado, así que la puse a cuatro patas y se la metí por el culo. Costó un poco de entrar pero luego todo fue más suave. Mientras la penetraba en el culo, le metía los dedos en el coño. Nos corrimos los dos a la vez y su ano se llenó de semen. En ese momento le cogí las tetas y se las apreté con fuerza, los dos chillamos.

Media hora después nos abrieron el ascensor y nos despedimos, nunca más la he vuelto a ver.

Imagen | Da H3inZon3

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4 comentarios
Comentarios
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4 comentarios:

Diego Martínez dijo...

Desde luego estar encerrado en un ascensor da mucho juego.

Un abrazo.

Bruno Fernández dijo...

Pues yo una vez me quedé encerrado en el ascensor del hospital donde trabajo con un enfermero cañón y nunca me pasó esto... :( ¡jo!, que suerte tienen algunos :P.

Salu2.

Rodrigo Rodríguez dijo...

Menudo calentón se llevaría más de alguno que hubiese leyedo este relato xD.

Un abrazo.

Pimpf dijo...

Claro, es lo mejor para matar el tiempo, jajaja. Bueno, y la chica esta un poco fresca, tampoco nos engañemos, yo jamás he tenido una suerte de esas, de hecho, pocas veces he hecho cosas en un ascensor, bueno, pocas no, algunas.

bicos Ricos

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