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La venganza de Nalvillos.

831 | La venganza de Nalvillos.
Leyendas.

Segovia
José María Cuadrado

Está escrito en las crónica que cuando Alfonso VI hubo de huir de territorio castellano, encontró hospitalidad y ayuda en Toledo cuyo rey moro Al-Mamún le atendió con generosidad y le proporcionó todas las comodidades posibles, como si se tratara de un hermano. Al fin cuando los emisario del rey exiliado le avisaron de que el rey Sancho había muerto en el cerco de Zamora, Alfonso se dispuso a volver a Castilla, pero antes quiso agradecer al rey moro su amabilidad, para ello se ofreció para que la bella Alá-Galiana, sobrina del rey, fuese a Castilla con él para recibir educación en alguna de sus célebres universidades.

Poco tiempo después la dama mora llegó a los estados cristianos junto con Alfonso VI y comenzó sus estudios. Al cabo de los años decidió también abrazar la religión cristiana y se convirtió al cristianismo. Durante las hermosas fiestas de celebración por tal conversión, cambió su nombre por el de Urraca y el agasajo de toda la nobleza castellana de la época. De entre todos los nobles hubo uno que manifestó sus atracción por la princesa, se trataba de Nalvillos Blánquez, el cual había ganado gran renombre por su heroísmo en las batallas frente al enemigo. En esos días hizo todo cuanto estuvo en su mano para ver continuadamente a Urraca, llegó incluso al extremo de pedirle la mano de la joven al Rey de Castilla, sin embargo éste quedó perplejo ante tal petición puesto que no hacía mucho tiempo ya había determinado que la princesa fuese dada en matrimonio a un guerrero moro llamado Jezmín que luchaba a su servicio y a quien tenía mucho aprecio y había hecho ya multitud de concesiones de tierras a orillas del Tajo, cerca de Talavera.

El matrimonio había sido ya concertado con el beneplácito del joven moro, por lo que el rey Alfonso se encontró ante un dilema de difícil solución, tras mucha meditación resolvió que Urraca sería sin embargo para Nalvillos Blázquez, y para compensar al guerrero moro Jezmín, que estaba a su servicio, le ofreció más tierras y una carta donde le explicaba que aquel cambio se debía a razones de estado y por ello se veía obligado a revocar su promesa.

Celebrándose las bodas de Nalvillos y Urraca, mientras que Jezmín lleno de rencor prometió tomar cumplida venganza.

Pasó un tiempo y cuando un día Nalvillos tuvo que ir a Talavera a ciertos asuntos de la hacienda de su mujer, fue recibido por el guerrero Jezmín con aparente franca hospitalidad, tan cortés fue su trato que a la vuelta, Nalvillos le invitó a sus tierras donde prometió celebrar un banquete en su honor.

Así sucedió, no tardó mucho Jezmín en acudir a las tierras de Nalvillos y sucedió que se celebró el banquete prometido. Con gran pompa y bullicio se montaron las mesas de los comensales por fuera de las murallas y una explanada donde se prepararían los torneos o justas. La animación y el bullicio eran indescriptibles. Ante las voces de aliento o de burla, los caballeros mostraban su fuerza y su habilidad con el caballo y la espada, los juglares cantaban canciones de la época que contaban antiguas hazañas.

Al fin llegó la hora de las justas, alrededor del terreno se habían alzado bancos y tribunas en donde se sentaban los más nobles caballeros de Castilla junto con el conde Nalvillos, su mujer Urraca y el invitado de honor Jezmín.

Comenzó el torneo entre el sonar de las trompetas y el griterío de las gentes que apoyaban a uno u otro contendiente. Tras los combates de cuadrillas llegaron las de caballeros cuerpo a cuerpo, pero el interés de todos se centraba en el que iban a mantener entre Nalvillos y Jezmín. Magníficamente vestidos salieron ambos caballeros, con sus caballos ricamente enjaezados. Se dispusieron a la distancia que los maestres de campo les indicaron, y se lanzaron el uno contra el otro con todo el impulso de sus corceles. En el primer encuentro las lanzas saltaron hechas astillas, sin que ninguno de los dos sufriese ningún daño.

De nuevo volvieron al punto de partida y se volvieron a enfrentar al galope, esta vez la suerte sonrió a Nalvillos, y Jezmín fue arrojado de su silla entre el griterío del público. Sin embargo Jezmín sólo había sufrido daños en su amor propio y maldijo mil veces su suerte adversa.

Aquella noche se retiró a sus aposentos con el pretexto de curar sus magulladuras, cuando un paje entró con un mensaje de Urraca, en el mismo le pedía a Jezmín que de noche acudiera cerca de su ventana. Jezmín sintió renacer sus esperanzas, así que entrada la madrugada se dirigió con sigilo hacia la ventana de los aposentos de Urraca. Silbó y no tuvo que esperar demasiado, pues una figura de mujer le invitó a que subiera a los aposentos.

Prontamente subió Jezmín y una vez juntos, ambos se confesaron su amor, y tramaron que en tanto llegaba la ocasión de abandonar al esposo, se verían a escondidas aprovechando las ausencias de Nalvillos. Y así lo hicieron sin que éste sospechase nada, aunque si notó el creciente desdén de su esposa.

Fue en este tiempo cuando Alfonso VI murió y con ello comenzaron las sublevaciones en las fronteras por parte de los musulmanes que derrotaron a los cristianos en batallas como la de Uclés. Jezmín viendo ahora ocasión para su venganza se sublevó también y dirigió a sus tropas por tierras de Castilla, hasta que llegó a territorio de Nalvillos, la contienda fue dura y sangrienta hasta que por fin pudo tomar la fortaleza y llevarse consigo a Urraca, mientras Nalvillos se encontraba en un lugar lejano de la frontera en otros combates.

Cuando Nalvillos llegó a su castillo se enteró de lo sucedido y dio orden a sus huestes de perseguir a los fugitivos, sin embargo volvieron derrotadas pues Jezmín se había hecho fuerte tras la frontera. Por ello decidió disfrazarse de mendigo, y pobremente ataviado llegar a territorio árabe con la esperanza de encontrar a su esposa, tras mucho tiempo de aventuras y penurias llegó a tierras de Jezmín y entró a trabajar como bracero en sus tierras, nadie le reconoció debido a su lamentable aspecto.

Una noche se dirigió a las estancias de Urraca, la despertó con mucho sigilo y entre lágrimas le dijo quien era y lo que había sufrido hasta encontrarla, sin embargo Urraca, en vez de mostrar alguna alegría por el encuentro, comenzó a gritar y acudieron prontamente los criados y guardianes que sorprendieron a Nalvillos y finalmente lo apresaron. Jezmín ordenó amontonar una pira de leña en el patio de armas y que Nalvillos fuese atado a un poste y quemado vivo.

Cuando todo el mundo estaba reunido alrededor de Nalvillos esperando que se cumpliese la sentencia, éste pidió como último favor hacer sonar su cuerno de caza que tenía colgado al cuello. Se le concedió finalmente e hizo sonar el cuerno varias veces. Poco a poco fue oyéndose un rumor, cada vez más creciente hasta que se convirtió en ensordecedor, miles de hombre armados aparecieron por los bosques, las colinas y los campos, unos a pie, otros a caballo, eran los hombres de Nalvillos y del rey que acudieron en su ayuda, rompieron las defensas fácilmente y penetraron en el recinto a golpde de espada liberando de sus ataduras al conde Nalvillos. La hoguera que estuvo dispuesta para él, fue ahora aprovechada para atar en el mismo poste a Jezmín y Urraca, ahora fueron los traidores los que con las llamas pagaron su traición.

Desde entonces, las crónicas recogen la historia de la "Venganza de Nalvillos".

Fuente | Zuliram

Celso Bergantiño | @moradadelbuho

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5 comentarios
Comentarios
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5 comentarios:

Benjamín Castro dijo...

¡Quien iba decir al Conde Nalvillos que tenía todo un arsenal preparado!.

Me ha encantado esta leyenda.

Un saludo y te sigo leyendo.

Diego Martínez dijo...

Es lo malo de los triángulos amorosos... que todo acaba mal.

Un abrazo chico !!.

Bruno Fernández dijo...

Más que una leyenda parece un culebrón :P.

Salu2.

Rodrigo Rodríguez dijo...

Me ha gustado, sobre todo la venganza de Nalvillos.

Un abrazo !!.

Gary Rivera dijo...

WOW! Quiero una película! Con esto! Jejejeje caray! Me ha gustado! Sobre todo la ultima parte jejejeje me lo imagine casi como en el retorno del rey jejejeje

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