Diremos adiós dentro de ...

Por la mañana.

923 | Por la mañana.
Noches de alcoba.
Relato no recomendado para menores de 18 años.

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El amanecer inicia, la débil luz matutina se cuela entre las ramas del cedro, me hallo acostado en la cama, donde ahora yace el recuerdo de tu cuerpo, donde todavía los aromas se extienden a mi fantasía. Te deseo entonces.

El timbre suena, es raro que alguien llame a la puerta a esta hora, eras tú.

"Justo ahora estaba pensando en ti", te dije mientras te lanzo una mirada subversiva, anticipando lo que vendrá. Te conduzco hacia la casa, mientras hablamos sobre cosas que no tenían mucha importancia.

Subes a mi habitación, te sabes el camino, te miras al espejo que hay en el pasillo, aseguras que todo esté en su lugar: tu peinado, la ropa que llevas puesto.

Pienso para mi: "Agradezco la gentileza de venir tan guapo hoy, me siento culpable de saber que tendré que descomponerlo".

Una vez en la habitación, mis mantos te toman por la cintura, acercan tu cuerpo al mío, me gusta sentir tu piel, oler tu pelo, acariciar suavemente tus mejillas las cuales comienzan a sonrojarse. Una sonrisa sale de tus labios, esa mirada me hipnotiza, no me cansaría nunca de perderme en ella.

Te beso apenas rozando tus labios, mordisqueo un poco tu barbilla, recorro el contorno de tu cara con mis dedos hasta donde nace tu pelo y me doy la vuelta. Beso tu cuello hasta llegar a tu oreja, mi lengua lame, se introduce, inquieta y atrevida.

Mientras tanto mis manos descubren tu piel, cae la primera prenda. Tus hombros quedan descubiertos, una pequeña camiseta cubre el resto. Sabes como me gusta tocarte por encima de la ropa, más aún cuando revelan tu figura. Ese hermoso pecho tuyos me vuelven loco, lo toco yo la yema de los dedos definiendo su volumen. Te coloco de espalda a mi, beso con ansia tus hombros y la superficie de tu piel descubierta bajo tu pelo. Te abrazo bajo la ropa, te estremeces.

Te susurro al oído: "Te deseo".

Me besas extendiendo la abertura de tu boca, te entregas a mí en ese beso apasionado. Me descubres el torso al tiempo que tus manos recorren mi pecho, bajas por mi espalda hasta ubicar tus manos sobre mi cadera, la oprimes contra tu pene, deseas sentir el mío excitado entre tus piernas. Sabes que estoy listo.

Desabrochas el pantalón, bajas la cremallera. Tu mano se introduce entre mis interiores. Hallas, lo buscas, un miembro erecto, ansioso; los descubres a tus ojos retirando su último envoltorio. Quedo desnudo ante ti. Me conduces a una silla, donde me sientas y haces que espere.

Retrocedes un poco, me lanzas un beso al aire, me guiñas un ojo y con una sonrisa empiezas a desnudarte lentamente: te quitas los zapatos, calcetines, pantalón y camiseta. Compruebas rápidamente la reacción entre mis piernas, apruebas retirando la última prenda que te cubre. Los boxers caen lentamente por tus piernas. Te aproximas, mis manos se adelantan a tu encuentro, mis palmas acarician tu culo, luego tu cintura, te tomo por la cadera y acerco tu pene erecto a mi rostro.

-- ¿Me deseas? –. Te pregunto.

Asientes con la cabeza, me besas y lentamente te colocas con las piernas abiertas en mi regazo, mi pene está en la posición correcta, poco a poco te penetra, se desliza suavemente. Un suspiro escapa de tu boca al comprobar que toda mi extensión se ha perdido en tus carnes. La danza erótica empieza, lentamente, como el barco zarpando de un tranquilo puerto, a medida que te beso y entre mis manos tus nalgas, los jadeos se hacen más intensos. El ritmo va en ascenso, en algún momento de la escalda me miras con atención a los ojos, sé lo que significa. Te abrazo entonces, arremeto con mayor fuerza, tu placer se sonoriza, deseas más. Dadivoso te complazco.

Las sensaciones se intensifican, el mundo se aleja de la realidad, somos ahora uno solo, envueltos en un halo de placer increíble.

Me excita mirarte así nos recorremos mutuamente, las manos de ambos se pierden entre los cuerpos, el deseo de fundirme en ti viene ahora. Nos liberamos juntos en un gran orgasmo, el tiempo se detiene, en el universo solo existimos tú y yo.

Retenemos la respiración y caemos rendidos ante la gloria. Nos besamos tiernamente, en un abrazo relajamos los cuerpos, ha sido maravilloso.

Te pido que subas a la cama…

Celso Bergantiño | @moradadelbuho

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