Diremos adiós dentro de ...

Sucedió en la noche de Halloween.

 18 Imagen | La vida secreta de las imágenes.

RELATO NO RECOMENDADO PARA MENORES DE 18 AÑOS.

Sucedió en la Noche de Halloween Siempre que llega este día, recuerdo lo que pasó, lo recordaré siempre…

Como cada año, en la noche de Halloween, todos los chicos del pueblo salíamos por la calles en busca de caramelos y porquerías que comer, emociones y diversión; el disfraz de turno aportaba el anonimato y ayudaba a la emoción de esa mágica fecha.

Disfrazado de superhéroe me dirigía al centro del pueblo a encontrarme con mis amigos para comenzar a disfrutar de la noche; el camino desde mi casa no era largo, por lo que decidí hacerlo a pie disfrutando del buen clima que sorprendentemente había hecho ese día.

Recorrido parte del camino sentí que un coche se detenía a mi lado:
-- ¡Hola!, ¿te acerco? –.

Lo había visto varias veces por el pueblo, en su coche, pero nunca había hablado con él; nuestras miradas se habían cruzado en alguna ocasión sin más pretensión que la simple curiosidad:
-- No sé… ¿vas al centro del pueblo –.
-- Sí, sube, te llamas Manuel… ¿verdad? –.
-- Sí, me llamo Manuel… tú te llamas Pablo si no me confundo –.

Mi mirada se perdió en su pecho peludo que asomaba tras una camisa de lino abierta de manera sensual.

Pasados los primeros minutos de incomodidad, un deseo irrefrenable me llevó a tomar una decisión:
-- ¡Para el coche! –.
-- ¿Cómo? –.
-- Párate por favor –.
-- ¿Para qué?… Llegamos tarde –.

Cuando se detuvo a un lado de la carretera de tierra que nos alejaba del centro del pueblo, rodeé el coche por delante mientras me quitaba el antifaz y la parte superior de mi disfraz.

Bajó la ventanilla para decirme algo; no le dejé hablar.
-- No quiero ir todavía al pueblo (confesé al tiempo que abría su puerta y lo tomaba del brazo atrayéndolo hacia mí para que se apease). No todavía –.

Lo besé.

-- ¿Qué… qué estas haciendo? –.
-- ¿Tú que crees? –.
Respondí mientras me quitaba el resto de lo que llevaba puesto.
-- Estás completamente loco –.
-- Eso ya lo intuías, ¿a que sí?. Ven –. Le agarré la mano y eché a correr arrastrándolo conmigo hacia el maizal que flanqueaba el camino.
-- Manuel… ¡Basta! (se soltó de mí y se detuvo). Vístete. No nos conocemos apenas, tengo novia… y, además, la gente… –. Dijo tras soltarse de mí.
-- ¿Qué gente? (contesté) –. Me detuve unos pasos por delante de él, lo miré de reojo y eché una carcajada antes de internarme corriendo en el mar de espigas que tenía delante.
-- ¡Manuel!… Vamos, es tarde… No tiene gracia, ¡vuelve! –.
-- Ven tú a buscarme –.

Diez segundos después, podía oír el ruido de sus pasos siguiéndome y el de sus manos braceando contra las mareas de verde y amarillo que luchaban contra él para que no me alcanzase…
-- ¿Dónde estás? –.
-- ¡Jajajajaja! ¡Sigue mi voz! (grité) –. No hubiese hecho falta: él era más rápido que yo y, a pesar de mi ventaja, cuando me giré para ver dónde estaba, lo vi correr a tres metros escasos de mí casi desnudo.

-- ¡Te pillé cabrón! (escuché) –. Y antes de darme cuenta, había saltado sobre mí y estábamos retozando en nuestra improvisada cama de tierra y maíz. Le arranqué lo que llevaba, observé lo que había impresionado y con mucha suavidad lo introduje dentro de mí.

-- ¡Mmmmmmmpff!…Por un momento, pensé que no te gustaba y que estabas haciendo el rídiculo –.
-- ¡Nnnnnnnhhhh!… ¡Qué dices!… ¡Si me has puesto tan caliente que creo que voy a convertir este campo en una inmensa bolsa de palomitas! –.
-- ¡Jajajaja!… ¡Idiota! ¡Ufff!… Nene –.
-- Manuel… –.

Y enriquecimos aquellas tierras con nuestra propia semilla.
-- No quiero ir, no quiero ir al pueblo. Quizás podríamos… –.
-- Manuel –.
-- Lo sé, lo sé. Mejor no estropear este momento con palabras y planes imposibles –.
-- Yo… Sí… Gracias –.

-- Creo que deberíamos irnos; me parece haber oído unos gritos: tal vez al dueño de esto no le guste lo que estamos haciendo aquí –.
-- Jajajaja –.
-- Además… supongo que deberíamos recuperar la ropa que fuimos tirando por ahí –.
-- Sí –.
-- ¿Me das un beso para el camino? –.
-- Y dos… –.

-- ¡Vamos!, cógeme de la mano –.

Me la cogió y nos fuimos.

Y, después de dejarme en la plaza del pueblo, cada uno volvió al resto de su vida… ¿o no?.

Escrito por | Juan Paulo.

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5 comentarios
Comentarios
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5 comentarios:

Diego Martínez dijo...

Yo creo que exageraste un poco al ponerlo en la categoría "+18" porque no llega ni a "+13".

Enhorabuena a Juan Paulo, tiene madera de escritor... ¡Felicidades!.

Un abrazo.

خوان مانويل باولو فييرا dijo...

Que honor, formar parte de los días Halloween! sabes? lo más bonito es escribir relatos que tienen cierto punto autobiográfico, éste tiene una historia detrás muy bonita ...


... y si, a lo mejor es un poco exagerada la etiqueta +18!

Bruno Fernández dijo...

Que cachondo Manuel, hacerle esa jugarreta al "amigo".

Salu2.

Rodrigo Rodríguez dijo...

Muy buen relato, me ha gustado y coincido con Diego que exageraste con el "+18".

Un abrazo.

Blacktjp dijo...

Buena historia e inesperado destino cuando te vas metiendo en ella . Al principio pensé que llevaría el camino del terror , hasta que ya te adentras en el de la pasión .Su día de halloween se convirtió en una buena noche de pasión.
Muy interesante , saludos.

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