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Leyenda de Puerto Rico: El pirata Cofresí.

Imagen | Mitos y Leyendas del Mundo.
Nota| Las palabras marcadas en naranja tienen su explicación en el apartado “Notas” al final de la Leyenda.

El pirata Cofresí La goleta “Ana”, navegando de bolina y orza este, cuarta al nordeste, dobló Punta Borinquen e hizo frente a las embravecidas ondas del Mar del Norte, dejando las tranquilas aguas del noroeste de la ensenada de Aguadilla.

-- Aferra el trinquete y afloja foque y mayor (grito Cofresí al segundo de abordo) y echémonos mar afuera a ver si tenemos hoy buena fortuna a barlovento.

Las órdenes del pirata se cumplieron estrictas y la ligera nao empezó a navegar velozmente con todo su aparejo a vela llena. Las ondas se rompían impetuosas en su proa y azotaban con sus espumas blanquizcas la cubierta del barco. Las cuadernas de la goleta crujían de vez en cuando. Detrás iba quedando una estela de lechoso espumajo hirviente.

El horizonte estaba límpido, el cielo azul, y el brisote frescachón que soplaba del este estaba fijo. La isla se iba perdiendo de vista. De cuando en cuando, una gaviota pasaba graznando sobre la embarcación: parecía un pañuelo blanco arrojado en el espacio.

-- Pilichi (dijo Cofresí al grumete, con soberbio ademán), ve a mi camarote y tráeme el anteojo. Me parece divisar algo en lontananza.

Y el arrogante marino ponía la mano horizontal sobre las cejas, como una visera, para enfocar bien su mirada de águila y escudriñar las lejanías de mar. Recibido el catalejo lo tendió diestramente y, cierto de lo que presumía, por sus ojos fulguró un relámpago, y gritó al contramaestre con voz llena de fanfarria.

-- Hazte cargo del timón, Galache, que tenemos enemigos a la vista.

Era un brick danés que conducía mercaderías de Nueva York a San Thomas. Para tal época esa isla, con su puerto franco, era un depósito de grandes aprovisionamientos de telas, ferretería y artículos de lujo traídos de Europa y Norte América para surtir las Antillas y Venezuela. Cada vez se distinguía más claro el confiado buque mercante. Cofresí paso al entrepuente a proa e hizo en su presencia cargar el pedrero de bronce con un saquillo de pólvora y abundante metralla. Después se cercioró que estaba fuerte el montaje de la cureña y firmes las gualderas. Entonces marchó a popa donde reunió a su gente, llamando a cada uno por su nombre, y les dio sus instrucciones.

Revió severamente machetes y cuchillos. Hizo traer más armas blancas y ordenó ponerlas en un sitio especial en el combés cerca del palo del trinquete. Y tranquilamente se puso a amolar, con sumo cuidado, su hacha de abordaje.

La gente del Bergantín, al divisar la goleta, izó la bandera danesa en señal de saludo. La velera “Ana” izó bandera de muerte, es decir, la bandera negra de los piratas. El brick ya no podía huir y afrontó el peligro. La goleta era muy andadora y se habla apropiado directamente al enemigo.

El Bergantín estaba abarrotado en su carga. Su tripulación comprendió que tenía que habérselas con un barco pirata. Pronto la borda del brick fue ocupada por diez rifleros alineados que hicieron fuego de fusilaría. Eran malos tiradores. Las balas atravesaron el velamen de la “Ana” y algunas se incrustaron en la obra muerta del casco.

Entonces las armas de fuego no eran de repetición; de modo que mientras las cargaban de nuevo los tiradores del Bergantín, la goleta se puso a doscientos pies de distancia y le lanzó una descarga de metralla con el pedrero de proa. El ruido del cañón impresionó a los marineros del brick y antes que pudieran disparar por segunda vez sus rifles, ya la “Ana” estaba al abordaje, ceñida al buque contrario por estribor.

Cofresí, hacha en mano, seguido de los suyos, saltó ágil y célere al buque abordado y atacó cuerpo a cuerpo a los defensores del brick. Éstos no estaban preparados para un combate al arma blanca.

Sonaron tres o cuatro tiros y quedó despejado el entrepuente. Los marineros del Bergantín se refugiaron en las bodegas. Rápidamente se adueñó Cofresí del buque dando muerte al timonel y a algunos marinos que quedaron sobre cubierta. Después cerraron las escotillas y quedó preso bajo cubierta el resto de la tripulación del brick.

El Capitán Danés estaba junto al palo de mesana, en un charco de sangre, con la cabeza abierta de un hachazo. Los cadáveres fueron arrojados al mar y empezó el alijo de la sobrecubierta. Enseguida se saquearon las bodegas con suma precaución y se trincaron bien los presos que iban apareciendo.

Luego de saqueado el Bergantín se le dio barreno, y se desatracó el pirata para verlo hundirse. El brick dio una cabezada primero y se inclinó de proa; después se fue sumergiendo poco a poco hasta que de repente desapareció bajo las aguas.

La “Ana” hizo entonces rumbo hacia la Isla, que se divisaba a sotavento, y maniobró en demanda de punta San Francisco para ocultarse en Cabo Rojo.

El comercio de San Thonas estaba aterrado con las depredaciones de Cofresí. Por fin el gobierno de Washington intervino y dio orden al Almirantazgo de castigar al pirata puertorriqueño. Pronto llegó a conocimiento de Cofresí que un barco de guerra norteamericano había venido a ayudar a las autoridades de la Isla para capturarlo o destruirlo. Entonces abandonó sus correrías por aguas del Atlántico y se pasó al Mar Caribe.

Estando la “Ana” fondeada en el Puerto de Bocas del Infierno divisó en lontananza una vela, y Cofresí con su velera nao salió prontamente a apresarla. Pero esta vez fue por lana y le zurraron la badana.

Tan pronto estuvo a tiro de cañón recibió un balazo en el bauprés que le hizo comprender que se las había con un barco de guerra. No obstante, se le fue encima valentísimo y le hizo fuego de fusilería y cañón siendo recibido de igual modo.

Viendo la superioridad del contrario viró de redondo y a todo trapo emprendió la huida. La goleta, descalabrada, izó la escandalosa sobre los cangrejos para escapar mejor, utilizando el viento de popa que le soplaba.

Cofresí se puso al timón porque la “Ana” era una nave de buen gobierno y muy veloz, y dirigió la goleta paralelamente a la costa, bojeando el sur y burlándose de sus perseguidores hasta que la embarranco en un bancal diestramente. Echados un bote y una chalana al agua ganaron los piratas la playa, librándose del buque de guerra que no pudo alcanzarlos, ni maniobrar con sus botes por aquellos sitios inabordables.

Ya en tierra dividió Cofresí su gente en dos grupos, dándoles por punto de reunión la playa de Cabo Rojo. Antes enterraron lo que pudieron salvar de la “Ana”. Cada grupo bien armado emprendió la fuga por distinta vía.

Como las Milicias Disciplinadas estaban patrullando por aquella costa, pronto los dos grupos tuvieron que batirse y abrirse campo a sangre y fuego, volviendo a subdividirse, fatigados y jadeantes, hasta que acosados por la caballería tuvieron que rendirse a sus perseguidores. El Jefe Pirata fue cogido después de reñida refriega, todo cubierto de heridas.

Roberto Cofresí y Ramírez de Avellano, natural y vecino de Cabo Rojo, era un joven altivo, de 26 años de edad, robusto, valiente, audaz y de bravo aspecto. Unido a quince compañeros de la piel del diablo, eran el terror de estos mares antillanos con sus piraterías.

Para satisfacer a la vindicta pública y asegurar el reposo y tranquilidad de estas Islas, fueron pasados por las armas en la mañana del 29 de Marzo de 1.825. Un gentío inmenso presenció el horroroso espectáculo en el Campo del Morro. Un destacamento del Regimiento de Infantería de Granada formó el cuadro para conversar el orden. Una descarga cerrada de un piquete de tiradores, a una señal sigilosa convenida, hizo que 11 de aquellos desgraciados pasaran a la eternidad. Los otros habían muerto en los combates sostenidos con las Milicias.

Satisfecha la curiosidad y llena de pavor dispersóse la muchedumbre conmovida. Las tropas volvieron a sus cuarteles a redoble de tambor. Y los cadáveres mutilados por la Justicia humana quedaron expuestos al público por 24 horas para escarmiento de malhechores.

Los Hermanos de la Caridad, que no comulgan con el odio social, previo permiso del Gobierno, dieron sepultura a aquellos cadáveres en el Cementerio de Santa María de la Magdalena.

Así terminaron el valiente Cofresí y sus intrépidos compañeros de correrías piráticas.

Notas:
Bolina y orza: Se dice de la navegación de un barco de vela cuando marcha inclinando la proa hacia la parte de donde viene el viento.

Punta Borinquen: Nombre del cabo de la Isla de Puerto Rico entre Isabela y Aguadilla.

Trinquete: Palo que se arbola inmediato a la proa en las embarcaciones que tienen más de uno. La vela que se iza en el palo trinquete.

Bauprés y Mayor: Se llama Bauprés el palo grueso que sale de la proa de un buque para fuera, con más o menos inclinación al horizonte, y que siendo uno de los principales de la arboladura sirve para amarrar los foques.
Se llama Vela Mayor la principal de un barco que va en el palo mayor.

Brick: Palabra inglesa que españolizada se dice brigbarca. Barco Bergantín grande que además de sus dos palos ordinarios lleva otro pequeño a popa para armar una pequeña vela que se llama la cangreja.

Obra muerta: Las obras exteriores de una embarcación que están sobre la línea del agua.

Entrepuente: Espacio que hay entre las cubiertas de una embarcación.

Escotillas: Aberturas con escaleras que dan paso del entrepuente al interior de un barco.

Escandalosa: Vela triangular o cuadrilátera que en algunos buques se larga sobre las cangrejas.

Roberto Cofresí: Indica Coll y Toste, nació en Cabo Rojo, y era hijo legítimo de Francisco Cofresí y María Germana Ramírez de Avellano. Estuvo casado con Juana Creitof.

Fuente | Salon Hogar.

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6 comentarios
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6 comentarios:

Diego Martínez dijo...

Me encantan las leyendas de piratas.

Además cuando estaba en Puerto Rico de luna de miel un lugareño nos contó dicha historia.

Un abrazo.

mariana godoy dijo...

Hola, que tal? He sido seleccionada por el blog Aula de Adultos, el cual también forma parte de la comunidad Cincolikns, para el "Premio al Corazón" y a su vez yo he seleccionado tu blog. Pásate a leer el post. Espero que sea de tu agrado y que lo compartas con los otros miembros de Cincolinks!

Saludos!

http://elblogdemarianagodoyp.blogspot.com/

Bruno Fernández dijo...

Una buena leyenda, me ha gustado...

Salu2.

Rodrigo Rodríguez dijo...

Me acuerdo de esta leyenda, nos la había contado un lugareño en nuestra estancia en Puerto Rico.

Un abrazo y gracias por volver a recordarla.

Un abrazo.

Elsa dijo...

Me encanta la leyenda,para leer con los alumnos. (se nota que soy maestra,no?).
Un saludo para tí.

El caminante dijo...

BUEN BLOG BUENOS TEMAS Y EN GENERAL ME GUSTO...
ESPERO SU VISITA EN MI BLOG
WWW.GRANDESTROVADORES.BLOGSPOT.COM

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